
La tristeza comienza a embargarnos cuando empezamos a pensar en lo que vamos a perder, en las cosas que no vamos a recibir más, en el amor que no vamos a tener, etc.
Pero es posible dar un giro completo a ese modo de ver y estar en el mundo. Es posible desatar esos nudos y hacer que se transformen en alas.
Y podemos llegar a alegrarnos por las cosas que podemos dar, entregar, sin importar que el otro agradezca, reciba, reconozca o devuelva.
La primera manera de ver está centrada en uno, en su ego, en su mezquina necesidad de que los demás atiendan y parchen sus carencias. La segunda está centrada en el otro, en los otros.